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De Peñalolén a Pedro Machuca
Con una obra solida la poesía y la narrativa Amante Eledín Parraguez desnuda el universo de las contradicciones, un universo de fronteras internas que los seres superan para reafirmarse en su dualidad del existir. "La muerte vive en los vacíos", nos dice en un verso el autor chileno. La pulsión de vida como un canto de angustioso coexistir pero también de una dulce resignación. El poeta ofrece una mirada crítica en "el único lugar". "Todavía somos gusanos/ De terno y corbata (...) todavía somos larvas con alas de mariposas/ pieles de oveja colmillos de león".
Una obra de revisiones desde las fragilidades interiores hasta la coraza que nos contiene. "En vez de arrastrarnos con la cabeza agacha,/ podemos abrir las alas hacia el vuelo".
Esto propone Amante Eledín Parraguez. Quien demuestra el oficio de un hacedor que labra gota a gota los recovecos del alma. Una obra de maduraciones temporales, de senderos recorridos, ya desde la canción extraña se percibe la revición de los tiempos y los espacios. El aquí y el ahora. Pero también lo que antecede como sustento del presente. Así, en Peñalolén nacido en las profundidades, el poeta nos dice: "Todas las miradas tienen una montaña en su fondo que la llevan para medir la altura del cielo".
Escalar una pendiente a mano limpia, sin guantes que protejan, sin sogas, sin andamiajes, es palpar la tersura de la roca y llegar a pie cuasi desnudo.